Hace ya algún tiempo que tome la decisión de que cuando tenga algunos años mas no quiero ser un viejo, quiero ser una vieja.
Mi contacto diario con la tercera edad me ha llevado a concluir que esa es la decisión mas acertada.
He notado con espanto que la mayoría de los hombres ancianos, son unos viejos de mierda, mala onda, amargados, quejosos, reaccionarios, paranoicos al pedo, obsesivos, siempre que no revienten del corazón o de cirrosis a los 60 y pico. No les hecho toda la culpa, es obvio que en una sociedad como la nuestra, tan machista, tan patriarcal, tan insana, el peso de ser hombre es muy jodido, no pueden pedir ayuda, tienen que poder con todo, y claro, no pueden, entonces se pasan una vida tragando bilis, y de viejos les sale de la peor manera.
En cambio las mayoría de las mujeres ancianas, se vuelven maravillosamente locas, enviudan ( este país por si no lo notaron es una país de viudas), y al fin libres de ese yugo y con la impunidad que le dan los años, se permiten hacer lo que se les cante (dentro de las menguadas posibilidades de su jubilación, y siempre y cuando no caigan presas de una secta pentecostal, la última de las estrategias que tiene el patriarcado para dominarlas), se visten locamente, cuidan maravillosamente perros, gatos y cretonas, son la base y el sustento de las redes informales de solidaridad barrial, se vuelve picarescamente mal habladas con un doble sentido de una ingenuidad adorable. Son mucho, pero mucho más tolerantes con la diferencia que los ancianos, son mucho pero mucho más sociables que los ancianos, son mucho pero mucho mas integradoras, más divertidas y mas dispuestas a dar una mano.
Si tengo que hacer un viaje largo o pasar mucho tiempo en una sala de espera, no lo duden, siempre me voy a sentar al lado de la mas vieja, y si es de barrio, mucho mejor.
Tal vez generalice demasiado, y que!
Las viejas amamos generalizar y nos importa un sorete.
